Ponte la mano bajo una nalga y aprieta. Notarás una punta de hueso. Se llama tuberosidad isquiática, y tienes una a cada lado. Házlo ahora mismo, sentado donde estás.
De pie, el peso del cuerpo se reparte por toda la planta de los pies, unos cuatrocientos centímetros cuadrados. Sentado, casi todo el peso del tronco cae sobre esos dos puntos, cada uno más o menos del tamaño de una moneda de dos euros.
La misma carga, sobre una superficie mucho menor. Eso es todo el problema, y explica por qué nadie se queja de estar de pie durante una hora de la misma manera que se queja de estar sentado.
En una silla te levantas cada rato sin pensarlo, y esos puntos descansan. Al volante, no: el cinturón te sujeta, los pies están ocupados y las manos también. Puedes pasar dos horas sin cambiar de apoyo ni una sola vez.