Lo que el sillón le estaba haciendo a mi padre

CUIDAR DE LOS NUESTROS

A las 3:47 me llamó mi madre: papá estaba en el suelo. En urgencias descubrí lo que su sillón le estaba haciendo.

Si tu padre o tu madre pasa horas en el sillón, lee esto hoy. Lo blando se hunde y deja el peso clavado en tres puntos: es la trampa de lo blando. Yo lo descubrí en urgencias.

Lo que usamos ahora: un cojín de gel alveolado que no se hunde. 2 por 39,90 €, con 60 días de garantía. Ver la oferta →

Pasillo de urgencias al amanecer

A las 3:47 de la madrugada sonó el móvil.

Era mi madre. No se le entendía.

—Tu padre. En el suelo. No se levanta.

Lo encontré en el suelo del salón, en pijama, con una mano todavía agarrada al reposabrazos de su sillón.

Se había quedado dormido sentado, como cada noche. Se levantó medio dormido «porque ya no aguantaba el culo», y las piernas no le respondieron.

Mi padre, Vicente, tiene 79 años. Condujo autobuses de la EMT durante treinta y un años.

Lo que vi en urgencias

En urgencias, mientras la enfermera le ponía la bata, lo vi.

Justo encima del coxis, una mancha roja del tamaño de una moneda de dos euros. La piel brillante, tirante.

—¿Cuántas horas pasa sentado al día? —me preguntó la enfermera.

No supe qué contestar. ¿Seis? ¿Ocho? ¿Diez?

—Vigílenle esa zona. Esto sale de pasar muchas horas apoyado en el mismo sitio.

Yo iba a verle cada tarde. Le hacía la compra, le preparaba el pastillero. Dos años sin un sábado libre.

Y no había visto nada. Nunca le había mirado ahí. Y él jamás lo habría dicho.

Volviendo a casa a las siete de la mañana, lloré en el coche. De vergüenza. De rabia. De cansancio.

A mediodía, mi hermano dijo la palabra que nadie quería oír: residencia. 2.100 € al mes.

Sillón vacío de noche, con un cojín de espuma hundido

Las señales llevaban meses delante de mí.

Que en las comidas del domingo se levantaba seis veces. Seis. En una paella.

Que ya no quería venir en coche a Sueca. Él, que se pasó media vida al volante.

«Son los años», decía. Y yo me lo creí.

Si tu padre o tu madre no para de recolocarse en el sillón, se levanta «a por agua» sin sed o se duerme sentado cada noche, no esperes a que te llamen a las 3:47.

Puede que no sea la edad. Puede que sea lo que tiene debajo.

126,99 € tirados en espuma

Lo peor es que yo creía que le estaba cuidando.

Un cojín viscoelástico de internet: 29,99 €. A las tres semanas tenía la silueta de mi padre marcada y ya no recuperaba la forma.

Uno con agujero, de la farmacia: 42 €. Se le dormían las piernas.

Uno «ortopédico» con funda de terciopelo: 55 €. Precioso. Se hundía igual.

126,99 €. Todos blandos. Todos «ergonómicos». Todos en el armario del pasillo, menos uno.

El viscoelástico. El que tenía debajo la noche que se cayó.

Armario del pasillo con los cojines que no sirvieron

Lo que mi prima Carmen me enseñó con el puño

Carmen es mi prima. Enfermera, 22 años en la planta de geriatría de un hospital de Valencia. Ha visto más espaldas de personas mayores que nadie que yo conozca.

Carmen, enfermera, con el puño hundido en el cojín viscoelástico del sillón

Vino el domingo, recién salida del turno, todavía con el uniforme. Fue derecha al sillón de mi padre y apretó el viscoelástico con el puño. Diez segundos.

Soltó. El hueco se quedó ahí.

—Aquí es donde se sienta tu padre, Lucía. En el agujero. Diez horas al día. En planta lo vemos cada semana. Cuando uno está sentado, casi todo el peso cae en tres puntos: el coxis y los dos huesos de sentarse. La espuma cede justo ahí y, al rato, está sentado sobre el hueso. La piel aguanta un tiempo. Luego avisa, como la mancha que viste en urgencias.

—¿Y por qué nos venden estos cojines?

—Porque son baratos. Y porque en la tienda los aprietas con la mano y parecen gloria bendita. El problema no es el primer minuto. Es la segunda hora.

—Entonces, ¿qué le pongo?

—Algo que no se hunda: algo que reparta. En el hospital, a quien pasa muchas horas sentado no le ponemos espuma blanda: buscamos superficies que repartan el peso, como el gel. Para casa, busca un cojín de gel en forma de panal, sin espuma debajo. Y pruébalo con la mano: si aprietas y el hueco se queda, no sirve.

Me dio una rabia que todavía me dura. Tres cojines blandos para un hombre que pasa diez horas sentado, y nadie me lo había explicado así.

Un puño hundido en un cojín de espuma, y el hueco que se queda

La trampa de lo blando, en 4 pasos

  1. Te sientas y el cojín se hunde, sobre todo donde más pesas.
  2. El peso se concentra en tres puntos: el coxis y los dos huesos sobre los que te sientas, los isquiones.
  3. Al rato el cojín toca fondo y ya no amortigua. La presión se queda clavada en el mismo sitio.
  4. Quien puede se recoloca o se levanta. Quien se duerme sentado, o apenas puede moverse, se queda ahí. Hora tras hora.

Blando no significa que proteja. Hace falta algo que reparta el peso.

Haz la prueba esta noche: aprieta su cojín con el puño diez segundos y suelta. Si el hueco tarda en irse, ya tienes la respuesta.

El cojín que no se hunde

Busqué uno que no se hundiera. Esa misma noche encontré este.

Un puño apretando el cojín de gel alveolado en el sillón

Es el cojín de gel alveolado de Covexia: una plancha de gel azul translúcido, con celdillas hexagonales abiertas, como un panal. 40 × 35 cm y 2,5 cm de grosor.

Le hice la prueba de Carmen y pasó lo contrario. Aprietas con el puño y el gel no se hunde: cada celdilla se dobla hacia los lados y pasa parte del peso a las de alrededor. El peso se reparte por toda la superficie en lugar de quedarse en el coxis. Sueltas, y vuelve a su forma al momento.

Estaba en oferta: 2 cojines por 39,90 €, con 2 fundas lavables y una guía, todo de regalo. Los dos juntos, menos que el cojín de la farmacia.

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Dos detalles antes de seguir: las celdillas están abiertas, así que el aire pasa. Y cada cojín va con su funda lavable, con base antideslizante.

Y te lo digo ya: no es blando. Al principio parece duro. Por eso funciona.

«Siéntate, papá»

Le dieron el alta a la mañana siguiente. El cojín llegó el jueves. Tiré el viscoelástico a la basura, puse el de gel y le dije:

—Siéntate, papá.

Se sentó. Se movió dos veces. Me miró por encima de las gafas.

—Esto está duro, hija.

Vicente se sienta sobre el cojín de gel y mira a su hija

No te voy a engañar: los dos primeros días refunfuñó. Decía que ahora se sentaba más alto (son 2,5 cm, al principio se nota) y que aquello era una tabla.

El sábado vio el partido del Valencia entero. Noventa minutos, y solo se levantó en el descanso.

El domingo, en la comida, estuve contando. Se levantó una vez. Una. Para ir a por el café.

Comida del domingo: Vicente, sentado sobre el cojín, se ríe

El martes me dijo que sí a ir a Sueca. Media hora de coche, sin poner pegas.

De la mancha se encargó la enfermera del centro de salud, como tenía que ser. Yo me encargué de lo que tenía debajo. Y cada noche, al acostarle, miraba.

Ninguna rojez nueva. Ni una, en seis meses.

No sé cuánto es mérito del cojín y cuánto de los paseos por el pasillo que ahora le obligo a dar. Pero no pienso quitárselo.

Lo que probé, comparado

Espuma o viscoelástico Cojín con agujero (aro) Gel alveolado Covexia
¿Se hunde al sentarse? Sí, y el hueco se queda El aro se aplasta No: las celdillas se doblan hacia los lados
¿Adónde va el peso? Al coxis y los isquiones Al borde del aro Se reparte por toda la superficie
¿Vuelve a su forma? Cada vez más despacio Se deforma En cuanto lo sueltas
¿Da calor? Guarda el calor del cuerpo Depende del material Celdillas abiertas: pasa el aire
¿Se resbala? A menudo A menudo Funda con base antideslizante
Lo que pagué 29,99 € y 55 € 42 € 19,95 € por cojín (2 por 39,90 €)
Garantía La de la tienda La de la tienda 60 días de prueba en casa
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Lo que el cojín no hace

Voy a ser sincera, porque tú también estarás harta de promesas.

Un cojín no cura nada. No cierra heridas, no sustituye a la enfermera ni al médico y no quita que haya que moverse. Si ves una rojez que no se va, enséñasela al médico esa misma semana. No esperes.

Lo que hace es otra cosa: que tu padre o tu madre no se pase el día sentado en un hueco.

El segundo cojín duró un viaje en mi coche

El segundo iba a ser para mí. Lo dejé en el asiento del copiloto.

Duró un viaje. En el de Sueca, mi madre iba delante, sentada encima. A la vuelta me dijo: «Este me lo quedo».

Mi madre, Amparo, tiene 76 años y nunca se queja de nada. Resulta que tampoco aguantaba la silla de la cocina. Simplemente no lo decía. Como mi padre.

Amparo en el asiento del copiloto, sentada sobre el cojín de gel

Por eso el 2x1 tiene sentido. En casi todas las casas son dos: papá y mamá. O el sillón y el coche.

Y haz la cuenta que hice yo. 126,99 € tirados en espuma. Una noche en urgencias. Una residencia de 2.100 € al mes encima de la mesa. Y dos cojines por 39,90 €: 19,95 € cada uno.

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Si en 60 días no es para vosotros, os lo recogen y os devuelven el dinero.

Lo que de verdad me hizo pedirlo

No fue el precio. Fueron los 60 días.

Después de tres cojines, ya no me fiaba de nadie. Aquí no me pedían que les creyera: me daban 60 días para probarlo en el sillón de verdad, con la persona de verdad. Si no es para vosotros, os lo recogen y os devuelven el dinero. Sin preguntas.

Me dije: si a papá no le sirve, que vengan a por él.

Han pasado seis meses. Nadie ha venido a por él.

Lo que cuentan otras familias

★ 4,8 sobre 5 · 734 opiniones verificadas · Más de 15.000 clientes

★★★★★

«Mi madre está en una residencia y yo me pasaba las visitas viendo cómo se escurría en la silla de ruedas. Le llevé uno. A la semana, la auxiliar me preguntó dónde lo había comprado.»

— Mercedes G., Albacete

★★★★★

«A mi marido le operaron de la cadera y se pasa el día en el sillón. El primer día dijo que era una piedra. Ahora se lo lleva hasta a casa de su hermana.»

— Inma L., Sevilla

★★★★★

«Lo compré para el coche: hago Murcia–Madrid dos veces al mes. El primer día lo noté un poco alto; al segundo ni me acordaba. El otro se lo ha quedado mi mujer, claro.»

— José Antonio R., Murcia

★★★★☆

«Estaba segura de que en el sillón de piel de mi padre el cojín acabaría en el suelo. Con la funda no se mueve, y no da calor. Le quito una estrella porque la funda coge todos los pelos del gato.»

— Nuria S., Zaragoza

Dos caminos a partir de esta noche

✕ Camino 1: esperas.

Esta noche tu padre, o tu madre, se vuelve a dormir en el sillón, en el mismo hueco de siempre. Y tú vuelves a dejar el móvil con el volumen alto, por si acaso.

✓ Camino 2: lo pruebas 60 días.

Pides los dos cojines. Llegan a casa. Dices «siéntate, papá». Y cada noche miras. Si en 60 días no os convence, os lo recogen y os devuelven el dinero.

Yo esperé a que me llamaran a las 3:47. Tú no tienes por qué.

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Lo que me preguntan las amigas

¿Es el mismo que venden en Amazon?

Hay muchos cojines de gel parecidos por fuera. Yo lo pedí aquí por lo que venía con él: 2 cojines por 39,90 € con sus fundas, devoluciones gratis y 60 días para probarlo. Compres donde compres, haz la prueba del puño.

¿Se resbala?

Sin funda, en un sillón de piel, puede moverse un poco. Por eso cada cojín va con su funda, con base antideslizante. El de mi padre no se mueve del sillón, ni el de mi madre de la silla de la cocina.

Funda del cojín con base antideslizante

¿Da calor?

Las celdillas están abiertas y el aire pasa; la espuma, en cambio, se queda con el calor del cuerpo. Mi padre sudaba con el viscoelástico. Con este, ni en agosto se ha quejado.

¿Se aplasta con el tiempo?

No te puedo decir cómo estará dentro de diez años. Lleva seis meses en el sillón de mi padre, diez horas al día debajo de él, y sigue igual: aprieto, suelto, y vuelve a su sitio.

El cojín de gel vuelve a su forma después de apretarlo

¿Cómo funciona la garantía de 60 días?

Tienes 60 días desde que lo recibes. Si no es para ti, escribes a atención al cliente con tu número de pedido, te lo recogen gratis y te devuelven el dinero, sin preguntas.

P.D. Esta noche, cuando le des las buenas noches, aprieta su cojín con el puño. Diez segundos. Si el hueco se queda, ya sabes dónde ha pasado el día.

— Lucía

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Cojín de gel alveolado Covexia

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